lunes, 03 de enero de 2005
Es curioso el motivo que me ha llevado a elegir el fondo del desayuno. Tenía casi decidido escoger el de Marte, un fondo del universo, tonos tierra y negro, ambientación óptima para el mundo de Bohémk. Pero finalmente la reverberación de unos copos de maiz cayendo sobre mi recuerdo, pasando por sensaciones casi extinguidas, ha apuntado a este fondo, guiada por un péndulo de nostalgia.
¿Qué es lo que le evocaría a cada uno esta imagen? A mí me transporta al tiempo de la felicidad incipiente e ignorada, como el tacto de la magdalena de Proust. Siempre que volvía a casa de mañana, después de una noche de delirio y amor y antes de recibir las reprimendas de mis padres, saboreaba el recuerdo inmediato de la última frase que besó mi boca. Eran dos rondas de cereales integrales con frutas rojas, solamente una de leche. Me daba tiempo a reconstruir la noche mientras que los olores y los sabores se me agolpaban. Siempre que era feliz comía, comía con ansia, con ganas, se me abría el estómago con cada latido convulso del corazón, era feliz y comía y me recreaba en la textura de esos copos volando sobre una cuchara pequeña, adaptada al tamaño de mi boca. Crujía y escuchaba otra vez al amor silenciado por los muelles de su cama destartalada. Sí, sí, sí, era tan feliz comiéndome los cereales, desayunadora voraz, cansada por el exceso de haberme entregado, de haber cargado con su sueño sobre mi pecho el poco rato que conseguíamos dormirnos, era tan feliz que después intenté buscarlo entre cientos de cajas de Corn flakes, en cada nuevo tetrabrik de leche, cuando ya no lo tuve, cuando regresaba derrotada de dolor a casa porque esa mañana volvía sin que él me hubiera despedido en su puerta. Hacía meses que se había ido de aquí y de mi vida. Y ahí tampoco tuve suerte, la búsqueda fue inútil, no logré otra cosa que engordar 6 kilos. Así que la última tentativa acabó entre la basura y el water.

Llevo más de medio año sin disfrutar del desayuno y pasando de largo con una increible entereza por el pasillo del supermercado Consum (de Gil Cordero, para más señas),donde tienen toda una tentadora gama de cereales. Sin embargo confío en que no dure mucho tiempo. Sé que el día en que vuelva a desear febrilmente un tazón(bueno, eran exactamente 2) será el día en que ya haya superado, al fin, el hecho de que me cerrara su puerta para siempre, que me fuera dejando poco a poco con el hambre que da la derrota,tan difícil de aplacar, tan desesperante. Sabiendo también que llegarán nuevos desayunos, nuevos sabores, olores e imágenes flotando en mi paladar junto a copos de maiz, leche y frutas rojas. Y que esa vez no seré idiota y me lo llevaré a desayunar conmigo, le abriré el estómago y una puerta abatible difícil de cerrar.
Publicado por Bohemk @ 6:09  | Microkosmos
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Comentarios
Publicado por Suhiru
sábado, 08 de enero de 2005 | 18:01
Como todos los blog el tuyo es especial, no me gusta mucho el cereal, pero estando aca y despues de leer el porque de tu elección, se me antoja. excelente blog
Publicado por Bohemk
lunes, 10 de enero de 2005 | 23:47
Vaya, no te imaginas lo q te agradezco q me lo hagas saber... Je,logré poder de persuasión!
muchas gracias Beso